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miércoles, 23 de enero de 2019

"Los Invitados", Gala y Dalí en microteatro

"-Te propongo un trato.
-Te escucho.
-Esta noche, ser tú la loca y yo el brujo".
 
(Los Invitados)
 
 
 
Hoy se cumplen 30 años de la muerte de uno de los personajes más inspiradores que nos ha dado la historia contemporánea. El 23 de enero de 1989 se apagó el genio, falleció Salvador Dalí. Sin haberlo previsto así, da la casualidad que durante estas semanas también estamos rindiendo homenaje al pintor de Cadaqués y a su musa Elena Dmítrievna, Gala, con una obra de microteatro.
 
 
Cartel promocional, diseñado por Sinenchufes.
 
 
Aunque hace ya días que quería contaros un poco del cómo y del porqué de esta obra de nombre "Los Invitados", hoy he encontrado el momento y quizá, por lo señalado, sea una buena fecha para hacerlo. Dalí me ha llamado la atención desde que era pequeño, no siempre he entendido su obra y dudo que algún día llegue a comprenderla del todo. Pero Dalí inspira (al menos a mí), y mucho, lo entiendas o no. He visualizado infinidad de vídeos, visitado su casa, leído biografías y diarios, para saber cómo era el artista de Portlligat, cómo escribía o cómo pensaba. Aunque había algo que me hacía sentir falto de información. Me faltaba saber más sobre ella, sobre Gala.
 
Y de aquí (junto a las ganas que tenía de hacer algún trabajo para teatro) surgió la idea de dar vida a una escena cotidiana con genio y musa como protagonistas. ¿Cómo eran Gala y Dalí en su intimidad? La libertad que te daba imaginar a la pareja en una tarde cualquiera de final de verano, entre pinturas y lienzos, en su estudio de Portlligat, hizo que me planteara llevar a cabo este proyecto y contactara con Inma Garzía para proponerle el papel de Gala sin tener apenas nada escrito del texto. En aquella conversación descubrí que Inma ya tenía a Gala dentro, la admiraba desde siempre y no supo decir que no a mi propuesta. "Ya sé quién será Dalí", me dijo. A los pocos días me estaba presentando a Albert Boix (¡touché!). Ambos han hecho un grandísimo trabajo. Se han metido en la piel de los personajes con un respeto y una delicadeza que no deja indiferente a nadie. Tenéis que verlos.


Albert Boix (Dalí) e Inma Garzía (Gala) en Microteatro BCN.
 
 
En cuanto al texto, lo tuve listo en pocas semanas, luego ha ido cambiando en función de lo que han ido pidiendo los personajes. Dar veracidad a las escenas y credibilidad a los diálogos ha sido el primer aspecto a tener en cuenta durante todo el proceso creativo. Una sencilla y cuidada escenografía y la tenue iluminación de un par de velas harán que nos metamos de puntillas, sin hacer ruido, en el taller de trabajo de Salvador Dalí en uno de sus innumerables intentos de dibujar a Gala. 
 
Si queréis venir y disfrutar de esta obra íntima de microteatro, estáis más que invitados. Eso sí, intentad no hacer ruido al pasar, se rumorea que hay un genio pintando...
 
 



Del 10 de enero hasta el 3 de febrero de 2019
Microteatre Barcelona
C/Bailén 194
 
Horarios:
Jueves: 18:45 - 19:10 - 19:35 - 20:00 - 20:25
Viernes y sábados: 19:45 - 20:10 - 20:35 - 21:00 - 21:25
Domingos: 17:45 - 18:10 - 18:35 - 19:00 - 19:25
 
 
 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Surrealismo de espuma


       "Mis relojes blandos no son solamente una imagen fantasiosa y poética de lo real, sino que aquella visión del queso derritiéndose es en realidad la más perfecta definición que las más altas especulaciones matemáticas puedan dar del espacio-tiempo."
SALVADOR DALÍ


Cuando quiero relajarme, dejo caer el tiempo sobre mi cabeza. Me gusta sentirlo resbalar por mi espalda y por mi pecho. Notar cómo se desliza por todo mi cuerpo. Percibir sus horas, minutos y segundos acariciando la sensibilidad de mi piel. Sentirlo bajar por mi abdomen hasta los genitales, como en una masturbación de emociones que se deja caer hacia las rodillas para desembocar al más grande de los abismos. Verlo perderse entre una vida efímera y turbia. Se deforma, se deshace, intentando ser eterno con el salpicar de los segundos. Y cuando ya estoy saciado, detengo ese tiempo haciendo girar sus manecillas. Salgo de la ducha y observo. Observo como la realidad es cada vez más patente, más palpable, tragándose por el desagüe un surrealismo de espuma, horas, minutos y segundos, que, por esta vez, y no siempre así sucede, ha conseguido persistir en la memoria.